07 LA MANOS BLANCAS DE UNA NIÑA - Profe José Luis Arreola

Escrito y publicado: 2/AGOSTO/2022. En el blog https://elcuadernodejoselo.blogspot.com/2022/08/las-manos-blancas-de-la-nina-version-02.html
Revisión y reedición: 21 de ABRIL de 2023, en el presente blog https://chunchesdelalma.blogspot.com/2023/04/07-la-manos-blancas-de-una-nina-profe.html

LAS MANOS BLANCAS DE UNA NIÑA
Profe José Luis Arreola Hernández


En estos tiempos modernos y con ayuda de la tecnología actual que está al alcance de la mano, convertirse en hipocondriaco es fácil. Con la ayuda de un buscador de internet y luego de escribir una lista de síntomas, obtendrás un nombre rimbombante de alguna enfermedad que coincida con tu delirio.

     Cayendo sin más en este sesgo cognitivo (patético y autodestructivo), esta (mal aconsejada) práctica, da la sensación de tener un poco de control de la propia existencia y con ello paralelamente se tiene la fantasía de, supuestamente, entender algo del complejo mundo médico. Es por ello que ingenuamente, llego a la conclusión que mi falta de calor se deba a un hipotiroidismo subclínico.

     Pero en un momento determinado y después cabildear mentalmente mis padecimientos con mi hallazgo en línea, caigo en un especie de reposo y empiezo a soñar. No dejo de toser pero cuando no lo hago me da oportunidad de imaginar (o alucinar). 

     Hago un paréntesis para destacar que estas ideas me llegaron en este estado semi lúcido y sencillamente las observé como ajenas, fuera de mi conciencia cotidiana. Es decir, que las percibí como venidas de una fuente distinta, de otra parte o de otra mente. Con una sensación de estar consciente en el sueño, asumí que por fin estaba descansando. 

     Entonces me dejo llevar y entre todos mis pensamientos, le pongo atención a una idea particular que ronda mi mente. Pero desde el inicio de este viaje (por decirlo de alguna manera) me acosa una marcada sensación imperativa de que lo que se me va a revelar  con esta idea es una breve historia, que debe ser escrita y debe ser compartida después de mi precario descanso.


     El frío es el tema principal y la historia, según se me planteó (en ese momento no se por que o por quién) involucra a un par de niñas. En ese momento percibí la imagen del cuarto donde habitan (no se me mostró la razón del por que estaban ahí).


     En ese sueño o visión se me hizo saber que hay una persona adulta fuera del lugar y que pronto va a llegar. Él (o Ella) les indicó que esperaran en ese lugar y no está presente. Lo que percibí como imágenes es a una niña grande que trata de cuidar a una más pequeña. Por su tamaño y por su edad, siente la responsabilidad de cuidar (aquí supongo) a su hermana. 

     Por su complexión es la pequeña que ya no soporta el frío. La está matando lenta e inexorablemente. De alguna manera en su inocencia, intuye que la vida le abandona. Observa a su hermana mayor con vista borrosa. Pone sus manos frente a si misma, y se le revela un amoratamiento avanzado en los dedos de sus manos. 

     A pesar de usar guantes y estar cobijada con suéter, bufanda y gorro, el color rosa de su piel blanca ha desaparecido. La ropa y la cobija son insuficientes; nada la protege de la inclemencia y la vista se le nubla. Se queda dormida y a un segundo de morir, se oyen los pasos que indican la llegada de quien esperan. Pero a la pequeña ya no le importa por que el sueño de la muerte le aprisionó primero.


     Es cuando me explica, a través de mi lectura de sensaciones, su separación de la vida. Me hace sentir como luchó en contra de este frío que la envolvía. Pero que, poco a poco, Este la convencía de dejarse abrazar, de dejarse llevar por Él. 

     La última imagen que me comparte, es el momento cuando ve a su hermana mas grande caminando frente a ella, que está fijando su atención en sí misma, caminando para fomentar el calor, tratando de sobrevivir y desvía por un instante la atención de su hermana y no se da cuenta lo que ya estaba ocurriendo.

     La niña pequeña se observa a si misma. Por última vez dirigió la mirada a los dedos de sus manos. Como juego inocente, mantiene su vista en ellas, escaseando poco a poco la luz mientras las observa. Cuando su vista ya no alcanza a percibir algún vestigio y solo vislumbra sombras, la inclemencia de repente ya no quema. Ahora la arrulla, la abraza, la cobija y le brinda una calidez nunca presentida. Cuando decide ya no pelear por la vida y se deja llevar por una sensación gélida, justo ahí, en su tránsito... ¡me despierto abruptamente!

     ¡Mi cuerpo ahora estaba agitado y sudado! Pero el recuerdo de ese abrazo mortal me deja una marca que  me caló muy hondo. Este hiere en otro lugar de mi, que no conozco pero que si me apesadumbra. Es la acción y afectación de la entropía que amenaza a todo cuerpo celeste y a la vida misma: Esa maldita (o bendita) ley inexorable que contemplaremos todos al final de nuestra vida. Otros le llaman momento de muerte o la muerte misma.



     En el despertar, la última sensación comunicada (por la niña, por mi barunda, por mi alucinación o sabrá de que cosa y que nunca sabré) fue una solicitud muy concreta: Que esta historia fuera contada. Una niña que mientras la vida le abandona, contempla sus dedos blancos y amoratados. Sencillamente se le hizo divertido advertir como de su vista se alejaba la luz: Cuando la obscuridad lo aborda todo en sus ojos, es cuando por fin el frío desaparece y al fin siente descanso.

     Después de esa última imagen y mi despertar repentino ya no sentí frío. Pero la idea de la historia me conmovió tanto, que decidí  escribir de inmediato lo que recordaba. ¡No quería apostar a la memoria y arriesgarme a olvidar! 

     Esa fue la petición (eso es lo que creo) de una niña, que sin palabras, compartió conmigo (por vía onírica o alucinatoria) su última sensación mezclado con un pensamiento; ese que acompaña tu último suspiro.

Trataré ahora  de escribirlo (y conste que lo hago lo mejor que puedo) en las siguiente palabras.

     "No tuve ni tengo miedo. Eso mismo que me fue matando, eso que me causó la pesadez en mis ojos obligándolos a cerrarse, fue quien me ofreció un dulce regazo donde recuperé el calor y me acogió el descanso".

     De pronto fui llamada a un lugar inmenso lleno de Amor. Entonces ahí me dirigí para entregarme a Él y en el siguiente instante me vi sumergida, sin miedo ni dolor, en un infinito océano de luz y paz." ***


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